al frío entre tus brazos infinitamente cálidos;
miedo a la soledad que a veces rodea mis venas,
en este mágico sueño colmado de sirenas.
Y mi sonrisa me avergüenza, los labios me tiemblan,
tengo miedo a mi boca en días de tormenta.
Soy un tonto congelado en este mundo muerto
y eres la balsa que me acoge en este mar de llantos.
Siento miedo de mis dedos en tu piel insuficientes,
de mis ojos esperando el fin de la cruda helada,
y a la muerte de mis pensamientos en esta mente enferma.
Tengo miedo de mi suelo en este abismo incierto.
Miedo de mí mismo en la soledad de mis latidos,
quiero sentir tus manos siempre sobre mi pecho,
perderte sería la muerte de mi único deseo. Te quiero.
Te quiero en mil formas infinitas, en miles de colores, de palabras.
Por todo tengo miedo, miedo de mí mismo,
del inseguro frío que envuelve mis entrañas.
Maldito temor se hace sentir presente,
me siento un grano de arena en un desierto congelado:
insignificante, finito... Acabado.