Ya no escribo, las letras ya no acompañan en este sendero pútrido, se han cansado de mi quejumbrosa forma de ver la vida, me encerraron tras la valla de la no inspiración, donde solo hay espacio para mis ojos y vacíos pensamientos. Aquí convivo conmigo mismo, con esta celda que llaman cuerpo y este candado que llaman vida.