el filo glorioso de la gloriosa montaña
y lo es también la mente que en la mía resquebraja
leves delirios de templanza y extraña cordura vana.
Extremo del castigo, este que ata mis manos
al sueño del sin fin y las codicias del deseo,
de mil vidas poseídas por dos mil ojos apagados
y aquellas lunas que castigan sus estrelladas noches de llanto.
Límite aquel orificio que brilla de aquí a lo alto
cuando sin miedo a su luz, esta mirada levanto
y entre luces amarillas y visiones de colores
se esclarece el loco camino a sus ojos de manzano.
O el fin son las palabras que una vez escritas
se borran de mi mente mientras esta hoja dormida
con sus mil entierros de letras, palabras, frases y rimas
de amores que nunca fueron y sus sueños que no terminan,
se esconde entre consuelos de manos que ya no le miran.
Mil barreras turbias, mil aguas que no caminan
más que en un vaivén de luces y esperanzas que las dominan.