nacidos de las balas,
con sus ojos vendados...
Caía el pueblo dormido
sobre la trampa de la guerra,
sobre las ramas de plomo
y los juguetes con calibres.
Arrebataron, ciegos, de sus manos
la venda transparente de una generación despierta
y sus diversiones miles: paz y naturaleza.
¿A quién le importa tu rudeza?
¿Y la paz a la que tanto rezas?
Hipócrita, te enmascaras
con la cara doble de la moral frustrada,
con los sueños de los pies descalzos,
con los muertos que nunca has llorado
y las tierras que nunca has sembrado.
Títeres ciegos, falsa generación débil.
Y fuerza, no alcanzas para recuperar mis sueños,
ni sacarles a los ya muertos de su confort inspirador
ni de su infinita y santa pobreza,
ni de sus caminos imaginarios,
infiernos que se hacen eternos.
Las armas crecen, historias con lágrimas de sangre
el plomo inunda sus pulmones con aires ignorantes,
mientras su ceguera engrandece las manos del titiritero
manchadas por los crímenes de la delgada muerte.
Con ustedes no respiro... Títeres ya somos menos
y así sea muertos contaremos
la historia de los que nunca fueron.