viernes, 17 de febrero de 2017

LO SIN NOMBRE


Comienzo a amar la noche empalagada de estrellas. Anoche soñé con nuestros corazones volando sobre una nube oscura, pero no importaban los sonidos del chubasco ensordeciendo mis entrañas. Fuimos tú y yo amarrados a las ganas de una vida invivible. Agradezco chocar con la agridulce realidad de nuestras manos entrecruzadas.

Eres la espada y la pared que me amarran a una vida enceguecida tras los delirios y los cuchillos atravesando mil sables esqueléticos. Ya no quiero al sol, ni siquiera a la matriz que me dio la luz de este camino oscuro y no inocuo. Pienso disparar a las flechas de cupido: básico, silencioso y normal cupido, que solo atraviesa la normalidad finita de mil amores básicos perdidos en las tinieblas.

Ya los lobos no aúllan, ahora lloran a los amores envidiosos de este amor tan inconcluso, amarrado en los senderos de la eternidad más pútrida, romántica y desconocida. escupiendo a la imperfección de una gentuza pesada. Ya no quiero mil amores imperfectos porque ahora tengo tu mano en lo irreal.


Eres oscuro, humano e inamovible. Lo más real en lo más podrido. Te amo de mil maneras extrañas; aquí, allá, en ningún lado y en toda parte.

sábado, 4 de febrero de 2017

INFIERNO TERRESTRE

Como odio los susurros de la muerte en mi cabeza,
aunque la vida ya no puede gritar mentiras frías;
una espada se tiñe de negro, la pared de blanco vestía,
malditos pensamientos, maldita alma caída.

Correr quiero al infierno, paz busco yo en el cielo,
pero la nada me espera, más nada que en la tierra,
donde muertos matan las calles y los vivos el subsuelo llenan,
el barrial cubre su hogar: un ataúd donde les condenan.

¿Qué otro infierno más que la tierra?
¿Qué otro cielo más que la muerte?
¿Qué otro castigo más que la vida?
¿Qué otro demonio más que la gente?