Como odio los susurros de la muerte en mi cabeza,
aunque la vida ya no puede gritar mentiras frías;
una espada se tiñe de negro, la pared de blanco vestía,
malditos pensamientos, maldita alma caída.
Correr quiero al infierno, paz busco yo en el cielo,
pero la nada me espera, más nada que en la tierra,
donde muertos matan las calles y los vivos el subsuelo llenan,
el barrial cubre su hogar: un ataúd donde les condenan.
¿Qué otro infierno más que la tierra?
¿Qué otro cielo más que la muerte?
¿Qué otro castigo más que la vida?
¿Qué otro demonio más que la gente?
No hay comentarios:
Publicar un comentario