Con mis sueños enmarañados y mis sombras congeladas,
distraído tropecé con tus caricias descalzas
toqué el suelo de la realidad, me vi perdido con tus alas,
y desgraciado el frío, me escondió entre tus montañas.
Me llevé hasta lo prohibido, me enamoré de lo impensable,
besé el suelo en días de lluvia, te busqué tras tu amargo querer,
pero el brillo de tus ojos me quemó bajo tus lagrimas,
y mi sonrisa perdida heló a tus besos en llamas.
Sentí el destello de tus brazos entre esta coraza que llamo piel:
pero distraído tropecé con tus labios de manzana,
y caí mentalmente en tus escondidas trampas,
tu dulzura acaramelada y tu amargo querer;
corazón de hielo, corazón sin ser.
Y no importa cuántas veces ante las inmortales mañanas,
con la dignidad desgastada y el corazón entre manos,
caiga al suelo ya sin labios hacia tus caricias descalzas,
pues dispuesto estoy a vivir y si no es contigo, que sea con la nada.