te brindo de mi aire
en días de poca lluvia
cuando los pasos pesan
y es que las rocas se atraviesan
son montañas que se disfrazan
en el camino de la espera
y mi mundo en penas llama
como un canto de ballenas
rosando el humo negro
de este cuerpo en pena
en este infierno al que llamo tierra
el cual a diario me condena
así me queden las palabras
que ahuyentan estas rejas
a las que todos llaman cuerpo
pero yo llamo vida ajena
te regalo mi respirar
cuando se me esfumen ya las letras
cuando los días me callen
y mi mente se encapsule
en esta celda que me maneja
en noches estrelladas
con esta vida marchita
con este ser que me aqueja
que nadie conoce
que a nadie llena
te regalo mi respirar
jueves, 22 de noviembre de 2018
jueves, 8 de noviembre de 2018
ROCA EN EL DESIERTO
Como si las nubes oxidadas
se unieran ante mis ojos ausentes
y formaran el brillo que algún día
quitaron las profundas sombras de su mirada,
con sus manos rechinando
por el roce pútrido de las profundas aguas,
que inundaban nuestro deseo de amor impertinente.
Le gustaba que jugara con sus palabras,
aquellas que rodaban y frotaban de sus ojos
como fuente que florece, o presa que se resquebraja,
ante el vacío inmenso de un amor que nunca llama
ante las llamas del deseo que nunca están en calma.
Miraba entonces yo, con mis cuencas perdidas,
hacia las constelaciones pintadas en el firmamento,
pero el diablo las leía, como leer su cuerpo,
muerto ante las brisas ácidas de un corazón errante
desechando su interior hacia el impertinente suelo
que seduce su mirada, se hunde en aguas calmas...
Su interior es una roca perdida en el desierto.
se unieran ante mis ojos ausentes
y formaran el brillo que algún día
quitaron las profundas sombras de su mirada,
con sus manos rechinando
por el roce pútrido de las profundas aguas,
que inundaban nuestro deseo de amor impertinente.
Le gustaba que jugara con sus palabras,
aquellas que rodaban y frotaban de sus ojos
como fuente que florece, o presa que se resquebraja,
ante el vacío inmenso de un amor que nunca llama
ante las llamas del deseo que nunca están en calma.
Miraba entonces yo, con mis cuencas perdidas,
hacia las constelaciones pintadas en el firmamento,
pero el diablo las leía, como leer su cuerpo,
muerto ante las brisas ácidas de un corazón errante
desechando su interior hacia el impertinente suelo
que seduce su mirada, se hunde en aguas calmas...
Su interior es una roca perdida en el desierto.
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