Y era el frío excitando sus vellos,
difuminado en la oscuridad y en la mano aislada;
en la nube gris que envolvía sus dedos,
tras las palomas, tras el firmamento.
Se oculta en palabras ciegas,
en alas inmóviles, en ganas mecánicas.
Es la punta marchita en el iceberg de sus sueños.
Nadie responde a sus gritos ausentes,
ni a sus pesares sobre cada página,
en estos matices de gris a oscuro,
de oscuro a lúcido y de lúcido a loco.
Así es su ensimismada vida en la tragedia,
paradójica estática en esta esfera móvil que llaman tierra.
Y era el humano de la cara disfrazada,
era la hoja caída,
era el letrero del caos,
la vida incalmada,
la música sorda,
las uñas vacías.
Nada salva y nada lo salva.
Era el señor nadie, amigo de la nada.
martes, 11 de abril de 2017
martes, 4 de abril de 2017
EL GRAN HOMBRE SIN JUICIO
... A Cleronte de Antígona
Gran hombre sin juicio: amigo
del cómo, enemigo del quién.
El que ahogado bajo las frías
aguas del sosiego ensimismado
decide hacia sí mismo y por sí
mismo vive: guerra mental,
y en su interior matrimonios de
audacia, brutalidad e injusticia.
Derecha: Clorifeo; sabio
encubierto tras el silencio hecho hombre,
que frente a frente encontrado con
la injusticia, calla;
el que bajo las sombras de
Cleronte, oh gran hombre,
se sofoca bajo lo que en la
tierra llaman el yugo.
Gran hombre sin juicio: amigo
del no, enemigo del sí.
Gran mentira te has llevado,
pues la tierra le teme
a tus labios, sonrisa, nariz y
tus ojos,
que se estrellan más pronto que
la luz en tocar tierra.
Todas no las sabes, amargo
hombre, llevado de la sinrazón,
y me pregunto si algún corazón
en tu pecho habitará
o una nebulosa de negras
estrellas y ahumadas decisiones.
Oh, gran hombre: cuánto fallas,
cuánto erras, cuánto te desdices.
A tu esposa condenaste, a tu hijo colgaste y a ti mismo te ahogaste.
Oh, gran hombre muerto en sí
mismo, para sí mismo y con sí mismo;
atravesado por las espadas de la
ambición, avaricia y audacia,
para al final estar encerrado
tras barrotes hechos de carne y hueso.
Oh gran hombre, respiras
sepulcralmente bajo tu soledad,
ataste tu cuerda al foco en el
cielorraso de la maldad,
y sobre la silla de la
incertidumbre, tarde fue, tarde llegaste,
al repentino momento de
arrepentirte de tus actos, oh gran hombre.
Cuánto hablas sin oír, cuánto impones
ciegamente;
cuánto es lo justo ante lo
injusto y cuánto lo que no.
Gran hombre sin juicio: te
colgaste bajo tu razón,
en tu sangre te ahogaste y a tu alma del paraíso expulsaste.
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