martes, 11 de abril de 2017

NN

Y era el frío excitando sus vellos,
difuminado en la oscuridad y en la mano aislada;
en la nube gris que envolvía sus dedos,
tras las palomas, tras el firmamento.
Se oculta en palabras ciegas,
en alas inmóviles, en ganas mecánicas.
Es la punta marchita en el iceberg de sus sueños.

Nadie responde a sus gritos ausentes,
ni a sus pesares sobre cada página,
en estos matices de gris a oscuro,
de oscuro a lúcido y de lúcido a loco.
Así es su ensimismada vida en la tragedia,
paradójica estática en esta esfera móvil que llaman tierra.

Y era el humano de la cara disfrazada,
era la hoja caída,
era el letrero del caos,
la vida incalmada,
la música sorda,
las uñas vacías.

Nada salva y nada lo salva.
Era el señor nadie, amigo de la nada.

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