... A Cleronte de Antígona
Gran hombre sin juicio: amigo
del cómo, enemigo del quién.
El que ahogado bajo las frías
aguas del sosiego ensimismado
decide hacia sí mismo y por sí
mismo vive: guerra mental,
y en su interior matrimonios de
audacia, brutalidad e injusticia.
Derecha: Clorifeo; sabio
encubierto tras el silencio hecho hombre,
que frente a frente encontrado con
la injusticia, calla;
el que bajo las sombras de
Cleronte, oh gran hombre,
se sofoca bajo lo que en la
tierra llaman el yugo.
Gran hombre sin juicio: amigo
del no, enemigo del sí.
Gran mentira te has llevado,
pues la tierra le teme
a tus labios, sonrisa, nariz y
tus ojos,
que se estrellan más pronto que
la luz en tocar tierra.
Todas no las sabes, amargo
hombre, llevado de la sinrazón,
y me pregunto si algún corazón
en tu pecho habitará
o una nebulosa de negras
estrellas y ahumadas decisiones.
Oh, gran hombre: cuánto fallas,
cuánto erras, cuánto te desdices.
A tu esposa condenaste, a tu hijo colgaste y a ti mismo te ahogaste.
Oh, gran hombre muerto en sí
mismo, para sí mismo y con sí mismo;
atravesado por las espadas de la
ambición, avaricia y audacia,
para al final estar encerrado
tras barrotes hechos de carne y hueso.
Oh gran hombre, respiras
sepulcralmente bajo tu soledad,
ataste tu cuerda al foco en el
cielorraso de la maldad,
y sobre la silla de la
incertidumbre, tarde fue, tarde llegaste,
al repentino momento de
arrepentirte de tus actos, oh gran hombre.
Cuánto hablas sin oír, cuánto impones
ciegamente;
cuánto es lo justo ante lo
injusto y cuánto lo que no.
Gran hombre sin juicio: te
colgaste bajo tu razón,
en tu sangre te ahogaste y a tu alma del paraíso expulsaste.
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