Se esfuma entre la niebla con sus ojos empañados,
persiguiendo a todo aquel que se entregue a la vida,
como en naturaleza se entrega el árbol al suelo,
que se agarra a él con miedo a la muerte implacable.
Crece con el mundo en torno a su torso,
y sus inmensos caminos enredados por los rayos del sol.
Les entendía, caían entre los árboles,
eran como el infinito idioma del firmamento,
le susurraban historias sobre un mundo imaginario.
La huella del tiempo,
se respira con el aire, resuena entre las montañas,
como cuando pasa el viento en su camino a la gloria.
Cae el árbol, rendido ante los destrozos del reloj,
desprendiendo de raíz la búsqueda de su libertad.
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