Porque a veces son muchas las palabras que proclaman
entre risas, deshonras, deseos y aguas calmas,
porque a veces todas sobran cuando sin esencia viajan
entre oídos dispersos, mil bocas ensimismadas
poseídas por el deseo o el pecado de las caras,
por su insólita naturaleza y placer de vida franca
o solo por ser humanos entre espadas de palabras
más vacías que el espacio que entre dos letras reclama
la pausa entre mentiras y visiones profanas.
El silencio y sus placeres de mi boca que no rasga
de par en par deseos que a la otra mente engaña
y a su jovial querer, su mente maltratada
confundida, extasiada, exaltada o castigada,
poseída por las simplezas que a su vida abrumada
convierten en cuadrados o rombos no escarlata.
Es el placer de no existir también gracias a la palabra
que no sale; sólo se piensa, se guarda y resquebraja
con la última capa de cara que en cada luz es variada.
Porque la vida es mejor cuando no ambicionas hadas,
ni las dices, ni las sientes, las invocas o reclamas,
cuando solo con tu mente entre gente acongojada
o en el oscuro que no acaba entre mil estrellas contadas
reales haces tus sueños, muchas veces entre lágrimas
sin Dios juzgando a tu verbo o el diablo quemando tu cara,
por lo que pudo y no fue, por lo bueno que se enmaraña
en el quizás de la calma, el confort de la almohada
que es la única que escucha entre mil gritos que calman
lo que el sagrado silencio beatifica entre mañanas.
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