Tus labios se han perdido en mi memoria,
las noches ya no brillan con estrellas muertas,
pues su luz está tan viva que se ha hecho invisible,
ahora Jesús carga un corazón a cuestas.
Te siento sin tenerte, telepatía tras las sábanas;
presos en el olvido, atrapados en la cima;
maldita montaña que no llega al cielo,
sólo escalan tus latidos a mis oídos.
Quiero correr sin las manos vacías,
ya no están llenas sin tu presencias,
fuiste el imán de la muerte, el ángel de la cordura,
te amo tanto que se me olvida odiarte.
Cobarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario