fue el vendaval que volvió de lo alto
que tumbó las hojas, arruinó el manzano,
que corrió la arena de sus brazos,
y el agua no acuñó a sus manos.
La oscuridad también gritaba,
la noche estaba ciega,
las aves trinaban vacíos,
el firmamento clamaba olvido
y las lunas de sus ojos,
cayeron al vacío;
el cielo las cansó,
las estrellas les corrió.
Condenados a la lluvia,
al negro sin matices,
a una escala de grises,
que va de cero a ti,
con el día de por medio,
y presos en el llanto,
cuando en la oscuridad
por el miedo no te vi.
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