A uno de tantos que han enclaustrado,
este inválido y herido corazón,
con la amargura de su rostro enbarbado
y la seriedad de sus ojos ausentes;
con sus promesas que enamoran al viento silenciosas.
A uno de tantos que han logrado,
a esta sonrisa liberar de su poca luz
y que con sus palabras, el plagio de ilusiones,
forman las alas de mil plumas rotas.
Odio tu viento que me impulsa y tu sonrisa agridulce.
A uno de tantos, malditos tantos,
hijos de la inseguridad que el alma apresa,
de la dependencia, del llanto en llamas,
que quema más fuerte que el cigarro que te mata,
y que arde más profundo de lo que el alma conoce.
A uno de tantos que ya no quedan,
del olvido aliados como polen a flor marchita,
que hieren, no curan, corren y lloran,
al vacío inmenso de la ajena infelicidad,
y su sentir, sin corazón, sin pena, arrepentido.
Tantos que se transparentan,
tantos huyendo del caos,
uno más, coleccionista de labios, poros y sangre,
caricias, pesares, cadenas y vacíos.
AdiósDios negado al pecho, en mi alma maldito.
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