miércoles, 28 de septiembre de 2016

(pr.1) EL RELOJ.

Juan, 23 años. Su vida florecía en los árboles; un reloj púrpura y una mirada sellan su futuro; el amor tocó a su puerta en forma de coincidencia. Laura, 19. Su vida estaba pálida, tanto como su mirada. Huía de la vida y Juan de la muerte, Polo Norte y Polo Sur dividían su vista en la periferia, el uno buscando al otro, y el otro sin buscar al uno, en la inmensidad de un parque plagado de verdes árboles y capullos colgantes. Todo sonreía aquella mañana, el calor del sol golpeaba la sonrisa inanimada al norte, y en el reloj del sur este resplandecía. La decisión del saludo rondaba sus cabezas, sus finalidades eran completamente opuestas; pero ambos moviendo sus ojos, individualmente se flecharon.. él la miró, con sus globos fijos, casi parecían escabullirse las palabras de sus pupilas. Ella, de apariencia friolenta y poco interesada, resulta encantada pues lo decían sus labios que gritaban en silencio. Su mirada, ya no tan perdida, nota con desprecio la hipnosis de aquel hombre, es entonces cuando el sol la enceguece tanto como el odio; maldecía los rayos de luz que momentáneamente a su mirada oscurecían, pero el cambiar de los ángulos le hacen descubrir la joya perfecta, ese toque de color que a su vida le faltaba y, por segunda vez, increíblemente, su felicidad estaba en torno a las manos de un hombre. Aquél lindo color la enamoró del tiempo. Fue amor a primera vista... él de ella, y ella... de su reloj.



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